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Vivir “a avión”

El principito - Volar

miredcarpet es mi bitácora más resistente y la que más me ha motivado. Antes y durante he tenido otros rincones en los que descargar esa energía extraña que fluye cuando tienes ganas de escribir y has dejado tu vocación de periodista aparcada por otras actividades profesionales.

Uno de esos diarios online ha vuelto a aparecer, no sé muy bien porqué y he encontrado un pequeño post que quiero recuperar. Ha cambiado bastante mi forma de verlo, vivirlo y mis circunstancias, pero recuerdo muy bien esa sensación.

cuando vives a caballo entre dos ciudades (aunque tu ciudad de nacimiento sea una y en la que vives realmente sea otra -no es vivir exactamente a caballo-), hay muchas situaciones extrañas. aparte de lo lógico: nunca sabes dónde está tu jersey azul (siempre está en la ciudad en la que no lo estás buscando), no te llevas cepillo de dientes porque piensas que tienes otro allí y luego no es así y las tiendas están cerradas, etc.

pero estos detalles son lo de menos y son hasta graciosos. luego vienen experiencias que son más complicadas. cuando estás en una de las dos ciudades, te sientes “a salvo” de experiencias y personas que están en la otra y viceversa. pero, ¿y qué estado tienes cuando vas en el avión, volando de una de tus vidas a la otra?

generalmente, vas con el “estado interno” de la ciudad de la despega el avión, aunque a medida que vas volando, empiezan las preocupaciones de la ciudad en la que vas a aterrizar. cuando vuelas de vuelta ocurre lo mismo, tu mente va cambiando de color a medida que el avión se acerca a una de tus ciudades.

el problema de esto es que justo en el momento que aterrizas y empiezas a ver la ciudad a la que has llegado, durante unas horas, no sabes donde estás. y no es un problema físico, como el jet lag (sobre todo porque mis vuelos son bastante más cortos) sino que es un estraño estado mental en el que te sientes totalmente descolocada y no sabes de qué debes preocuparte y de qué estás a salvo. quizá porque de nuestros comecocos internos no estamos a salvo aunque nos vayamos a la antártida

PD: la imagen también acompañaba al post original, aunque la he “modernizado” – febrero 2008

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